“Avanzo hacia ti, entre el fragor de esta ciudad huraña. Atrás, a mi espalda, contra la colina, se recortan los altos edificios con sus azoteas desiertas y sus jardines marchitos. Firmes mis pasos sobre el pavimento oscuro. En mi mano, un ramito de alhelí envuelto en papel regalo. Tu postal en el bolsillo. Es de noche y no huele a frutas maduras en esta calle empinada, donde por minutos se alcanza a escuchar una mezcla perfecta de músicas dispersas. Incongruente voy rehaciendo de memoria tus labios, tus ojos y hasta tus manos. Es leve la llovizna que cae sobre mis …