«¡Ánimo!», «¡Adelante!» serían las voces, los preceptos, para afianzar al ser y fortalecerlo.La verdad se revela ante quien en su oscuridad penetra, evidenciándose en su fuente. En ella se aprecia el ser desde la primera etapa; la infante, etapa que revierte pequeñez en grandeza y realza toda ocurrencia. Custodia u abandono percibe el infante y en agradecimiento o cercenamiento, devienen. Un ser cercenado promueve el daño, en él se acoge y lo expande. ¡Dejarse azuzar por el ser cercenado! Dilata y extiende el daño, enviciando la faz de la tierra. ¡Dejarse cercenado es desidia propia! Por iniciativa y voluntad, concierne …
«¡Ánimo!», «¡Adelante!» serían las voces, los preceptos, para afianzar al ser y fortalecerlo.La verdad se revela ante quien en su oscuridad penetra, evidenciándose en su fuente. En ella se aprecia el ser desde la primera etapa; la infante, etapa que revierte pequeñez en grandeza y realza toda ocurrencia. Custodia u abandono percibe el infante y en agradecimiento o cercenamiento, devienen. Un ser cercenado promueve el daño, en él se acoge y lo expande. ¡Dejarse azuzar por el ser cercenado! Dilata y extiende el daño, enviciando la faz de la tierra. ¡Dejarse cercenado es desidia propia! Por iniciativa y voluntad, concierne despertar y dejarse morir, para forjarse en un ser nuevo. Así en terreno desértico yace el ser muerto y nace, en pos de un cielo, un ser de vida; de amor. Despertando en azul esplendor tras apreciarse en su real dimensión, al mirarse en la fuente de vida.