Lecturas que no son armarios

 

Hay libros que encuentran a su lector en el momento exacto. Estos cinco pueden ser esos, o no. Ya que no todos llegan de la misma manera o con la misma energía. La vida es eso. Y con el Orgullo pasa lo mismo, no todo el mundo llega desde el mismo sitio. Hay quien lleva años celebrando y quien este año sale por primera vez. Quien está en medio de algo que todavía no sabe cómo nombrar o quien ya sabe perfecto donde está parado. Es lo bueno de la diversidad, ¿verdad?
Por eso estos libros no son solo parte de una lista de lecturas LGBTIQ. Son algo más. Distinto tal vez. Lecturas que valen la pena descubrir.

 

Reina de Rostros. Petra Lord

Anabelle Gage vive atrapada en un cuerpo que se pudre por dentro. En Caimor, la élite mágica compra y cambia cuerpos como ropa de temporada; Ana no puede permitirse ninguno. Cuando fracasa en el examen de la Academia Paradigma, solo le queda robar. Pero la pillan. Y ahí empiezan sus problemas.

La disidencia de género en clave fantasía es el punto fuerte de la novela. Por que sabemos que no todos cuerpos sienten igual. Aquí la novela lo hace más físico, sin golpes bajos. Pero sosteniendo todo eso que representa “vivir en el cuerpo equivocado” para algunas personas. Muy interesante.

 

Desviados. Santanu Bhattacharya

Tres generaciones de hombres que amaron a otros hombres. Sukumar, que tuvo que esconder su relación a costa de todo y nunca llegó a vivir la vida que quería. Mambro, su sobrino, que se enamoró en un país donde la homosexualidad todavía estaba penalizada por leyes coloniales. Y Vivaan, sobrino nieto de Mambro: adolescente en el Silicon Valley indio de hoy, con padres que le apoyan y aun así con una vida en internet que nadie conoce del todo.

Lo que hace bien esta novela es no quedarse en el progreso como conclusión fácil. No dice "antes era difícil, ahora ya no". Dice: cada generación hereda algo del que vino antes, aunque no lo sepa, aunque nunca haya llegado a conocerle. De las que dejan un rato pensando en qué historias carga uno encima sin saberlo.

 

Atmosphere. Taylor Jenkins Reid

Si algo sabe hacer muy bien Taylor Jenkins Reid es construir personajes. Y esta vez llega con su novela más épica hasta la fecha. No es solo una novela de astronautas. Es un amor complicado (como lo son algunos amores) en tiempos complicados. Un amor entre dos astronautas. Un amor que no debe ser nombrado, pero que no por eso deja de existir. Y a eso se le suma el programa espacial. Reid lo cuenta todo maravillosamente. Para llorar hasta la última página (literal).

 

La regla Kennedy. K.C. Carmichael

Capitán del equipo, hijo de una leyenda del hockey, el chico dorado de la liga. Connor Kennedy es exactamente el tipo de persona que saca de quicio al narrador de esta historia: años de rivalidad acumulados, y ahora comparten habitación en el equipo olímpico. Estupendo.

Romance deportivo y Rivales to lovers. Nada puede fallar. Tensión y obsesión en estado máximo. No reinventa el género, pero lo ejecuta muy bien: la presión de los juegos, la lealtad del vestuario, la pregunta de qué pasa cuando lo que se siente por el rival lleva demasiado tiempo sin poder llamarse de otra forma. Fácil de leer, imposible de dejar a medias.

 

Por fin en silencio. Bruno Leão

Debut de la nueva voz de la literatura juvenil portuguesa, y la sinopsis ya deja todo claro: tres chicos, deseo, trauma. Samu conoce a Martim, que parece perfecto. Guapo, con esa sonrisa que borra las dudas. La atracción es inevitable. Y Martim no es quien parece.

Lo que hace diferente a esta novela es que no convierte el dolor en lección. No llega Filipe y todo se arregla. El camino de Samu es más largo, más confuso, más real. Una historia sobre el ruido que hay que aprender a bajar antes de poder escucharse, sobre lo que cuesta encontrarse cuando se lleva tiempo siendo lo que otros necesitaban que uno fuera. El tipo de libro que ciertos lectores van a necesitar más de lo que creen, y probablemente sin saber por qué hasta que lo terminan.

 

No hacen falta más razones para leerlos que las de siempre: que están bien escritos, que tienen algo que contar y que tal vez son para leer con una caja de clinex. El Orgullo les da contexto, un mes de más visibilidad, una lista como esta. Pero estas historias funcionan igual en cualquier otro momento del año, con bandera o sin ella, en junio o en noviembre. Existen. Ya es bastante. Quien las encuentre ahora, perfecto. Quien las deje para después, también.

 

Por Romina Benitez