Desde los tiempos primitivos, al ser humano parece haberse sentido atraído por el misterio y lo aparentemente inexplicable. Todo cuanto se consideraba que carecía de explicación lógica -y que, en la mayoría de los casos, era simplemente ignorancia- pasaba a las regiones enigmáticas del mundo fantástico de lo esotérico. En realidad, incluso las religiones se sustentan en gran medida con base en los mismos materiales que configuran los sueños y elaboran sus ritos envueltos en el misterio y la fe. ¿Qué sería del hombre sin sus sueños, sin sus temores? ¿Qué sería del hombre si no se sumiera en las …