Dime: ¿qué mal te hice para merecer la vida que me diste?
Mi vida cambió el día aciago en que aquel hombre se cruzó en mi camino. Aún era una niña cuando mi padre hizo que me marchara con él, pensando ,en su estulticia infinita, que aquello sería lo mejor para mí. A partir de entonces todo fue un viacrucis, hasta el momento en que su muerte me devolvió las ganas de vivir; paradójico, ¿no? Los maltratos físicos, verbales y psicológicos fueron mi pan de cada día; triste, ¿no? En este pueblo casi nadie dijo nada ante estos abusos, pero …