El título de estas páginas es evocador: Escucha su latido, el latido de un corazón que el apóstol Juan tuvo la suerte de escuchar al reclinar la cabeza en el pecho del Señor. Muchos se acercan al Evangelio con la frialdad de la indiferencia y no perciben ese palpitar amoroso que resuena en el mensaje escrito. Mi deseo es que los que lean estas páginas tengan aquí un punto de encuentro con él, pues quien se acerca a Jesús nunca queda defraudado ni indiferente.El cristiano ha de preguntarse con frecuencia por la identidad de Jesús, para no fabricarse una imagen …