No fue el perdón lo que nos redimió, sino el amor.
No fue el perdón lo que los redimió de sus historias, sino el amor.
Historias como la de dos inmigrantes húngaro-judíos que llegaron a México alrededor de 1930, y cuyas familias enteras perecieron en los campos de exterminio nazi unos años más tarde; o la de la nieta de una esclava negra que escapó de Cuba a finales del siglo XIX y, asimismo, encontró refugio en México. Redención ante la inusitada urdimbre que tejieron sus descendientes, cuando, con un amor prohibido, desafiaron las reglas establecidas. Redención ante otros brutales …