Desde hace algunos años asistimos a una suerte de hooliganización del debate educativo. Basta con leer la prensa o ciertos libros para percibir un clima de crispación y conflicto en el que el análisis objetivo de la realidad queda anulado por el rechazo emocional que se profesan los actores implicados.
Que la sociedad se encuentra cada vez más polarizada no es ningún secreto. Como ciudadanos con opiniones políticas tendemos a creer que nuestras posturas nacen de un examen racional de la realidad. Sin embargo, la guerra de narrativas en el ámbito educativo no solo es el resultado del desarrollo natural …