Imprescindible para la memoria nacionalEn una vieja casa del centro de Bogotá, a pocas cuadras del Palacio de Justicia, transcurre la vida cotidiana de sus habitantes: amores frustrados, pequeños conflictos y sueños de esperanza. Esa rutina se quiebra cuando Julieta, una joven estudiante de Derecho que trabaja temporalmente en la cafetería del Palacio de Justicia, desaparece durante los trágicos sucesos del 6 y 7 de noviembre de 1985.A través de la mirada de su madre y de los demás habitantes de la casa, la obra traslada la magnitud de la tragedia nacional al universo íntimo de una familia devastada por …
Imprescindible para la memoria nacionalEn una vieja casa del centro de Bogotá, a pocas cuadras del Palacio de Justicia, transcurre la vida cotidiana de sus habitantes: amores frustrados, pequeños conflictos y sueños de esperanza. Esa rutina se quiebra cuando Julieta, una joven estudiante de Derecho que trabaja temporalmente en la cafetería del Palacio de Justicia, desaparece durante los trágicos sucesos del 6 y 7 de noviembre de 1985.A través de la mirada de su madre y de los demás habitantes de la casa, la obra traslada la magnitud de la tragedia nacional al universo íntimo de una familia devastada por la espera, la incertidumbre y la ausencia.Considerada una obra fundamental del teatro colombiano,
La Siempreviva, de Miguel Torres, convierte el escenario en un espacio de memoria que desplaza la mirada hacia quienes sufrieron las consecuencias de la toma y retoma del Palacio de Justicia: las familias de los desaparecidos, condenadas a vivir entre el dolor y la incertidumbre.Su vigencia sigue intacta —y por eso ha sido montada por colegios, universidades y agrupaciones teatrales de Colombia, Latinoamérica y Estados Unidos— porque detrás de los informes y las versiones oficiales todavía hay responsables en las sombras y preguntas que el Estado colombiano aún no termina de responder.