Llamé a los espectros y ellos vinieron. Cómo no contar este portento.
Tres muertos se le aparecen, de manera consecutiva, a un escritor y le dictan sus propias vidas. Al otro día, el involuntario amanuense apenas recuerda lo que pasó, pero corrobora que en su cuaderno están plasmadas las historias de esos fantasmas salidas de su mano, pero no de su mente.
Se trata de Branimir Bregan, un calígrafo esloveno, activo a comienzos del siglo XX, personaje solitario, algo ajeno a sus circunstancias personales y sociales y poco capaz de gestionar su vocación por la caligrafía.
Lucy Merck, una supuesta …