Hubo un
tiempo en el que una enfermedad sin explicación, un amor no correspondido,
una cosecha perdida o la muerte repentina de un niño podían atribuirse a la
acción de una bruja.
En toda Europa, miles de mujeres fueron señaladas, juzgadas y condenadas
por practicar artes prohibidas, mientras el miedo, la superstición y la
religión se entrelazaban hasta hacer casi imposible distinguir la realidad de
la leyenda.
España no permaneció al margen de ese mundo. Sin embargo, la historia fue
aquí más compleja de lo que suele imaginarse. Lejos de la imagen de hogueras
incesantes difundida durante siglos, muchos tribunales …
Hubo un
tiempo en el que una enfermedad sin explicación, un amor no correspondido,
una cosecha perdida o la muerte repentina de un niño podían atribuirse a la
acción de una bruja.
En toda Europa, miles de mujeres fueron señaladas, juzgadas y condenadas
por practicar artes prohibidas, mientras el miedo, la superstición y la
religión se entrelazaban hasta hacer casi imposible distinguir la realidad de
la leyenda.
España no permaneció al margen de ese mundo. Sin embargo, la historia fue
aquí más compleja de lo que suele imaginarse. Lejos de la imagen de hogueras
incesantes difundida durante siglos, muchos tribunales inquisitoriales se
mostraron más escépticos de lo que la tradición popular ha querido recordar y
examinaron con cautela numerosas acusaciones de brujería y hechicería.
En el antiguo Reino de Valencia, decenas de mujeres desfilaron ante el
Santo Oficio acusadas de lanzar maleficios, preparar filtros amorosos,
invocar demonios, curar enfermedades, adivinar el futuro o alterar la
voluntad de quienes acudían a ellas. Algunas eran curanderas; otras, simples
vecinas atrapadas por los rumores; unas pocas alimentaron ellas mismas la
fama que las rodeaba. Todas dejaron tras de sí expedientes extraordinarios.
Este libro reconstruye, a partir de la documentación inquisitorial, las
vidas de Josepha Trànsit, Esperança Badia, Teresa Agustín, Cayetana Mundo,
María Castellanos y muchas otras mujeres cuyas historias permanecieron olvidadas
durante siglos. Más allá del mito, emerge una sociedad donde el miedo
convivía con la esperanza, la fe con la superstición y la justicia con la
sospecha.
Porque, antes que brujas, fueron mujeres de carne y hueso. Y sus historias
aún tienen mucho que contarnos.