La vida espiritual, en cuanto tal, no comienza en la mente, sino en el corazón. Allí donde nacen los deseos más profundos, es donde permanecen las heridas que nunca terminan de cerrarse, donde conviven el anhelo de infinito y el miedo a amar.
Todos experimentamos ese latido interior que nos impulsa a buscar algo más grande que nosotros mismos. Pues bien, y ¿si esa inquietud incómoda latente en el corazón no fuera un conflicto que resolver, sino la huella de Dios llamando suavemente a la puerta de nuestra vida?
Latidos de un corazón inquieto es una invitación a emprender ese …