Durante más de doscientos años, a las mujeres Owens se las ha responsabilizado de todo lo ha salido mal en su pueblo de Massachusetts. Gillian y Sally cargaron con ese estigma: desde niñas siempre fueron los bichos raros, el blanco de burlas, rumores y señalamientos. Además, daba la impresión de que sus tías ancianas querían fomentar aquellos cuchicheos sobre brujería, pues siempre tenían la casa a oscuras y andaban con esos brebajes para el amor y su séquito de gatos negros. Lo único que anhelaban Gillian y Sally era huir de allí. Una lo haría casándose; la otra, escapando. Pero …