Insomnio, ansiedad, depresión, trastornos digestivos, cardíacos o respiratorios… Muchas de estas dolencias no nacen en nosotros, sino que son herencias invisibles que nos llegan desde nuestra historia familiar. A menudo se transmiten en silencio, como ecos de un trauma. Son fragmentos de la historia afectiva de nuestros padres, abuelos y antepasados; vivencias que, sin que lo sepamos, dejan una huella profunda en nuestra salud física y en nuestro equilibrio interior. A veces esos síntomas no aparecen por azar; surgen en fechas significativas o en edades que repiten los ciclos del árbol familiar, guiados por el pulso oculto de nuestro reloj …